United Lodge of Theosophists, London, UK

Teosofía Y El Antiguo Festival de Pascua

Estimados amigos:

Las siguientes son algunas referencias teosóficas sobre la antigua festividad de Pascua, su significado y lugar en el ciclo anual de equinoccios y solsticios.

Con esto deseamos brindar otra perspectiva de esta época especial que tiene una popularidad duradera e innata entre tantos, y asimismo invitarles a estudiar y apreciar las fiestas sagradas del mundo que alguna vez tuvieron un mayor significado, el cual puede restaurarse mediante una difusión benigna de los contenidos preservados en Teosofía relativos a la naturaleza y que muestra como autoevidentes.

Reciban nuestros mejores deseos en esta Pascua, y que percibamos el renacimiento de las fuerzas espirituales en nosotros y la Naturaleza.

Logia Unida de Teósofos, Londres, 2 April 21


LA PASCUA Y LOS CICLOS ANUALES

El tiempo de Pascua y el Sol de primavera se han celebrado durante mucho tiempo en sociedades antiguas y tan distantes como Escandinavia, Grecia, Egipto, Babilonia e India. Helena Blavatsky escribe que la palabra “Pascua” [“Easter” en inglés] proviene de “Ostara”, diosa nórdica y precristiana para dicha estación:

Ella era el símbolo de resurrección en toda la naturaleza y se le rendía culto a inicios de primavera. En ese tiempo constituía una costumbre entre los nórdicos paganos intercambiar huevos coloreados o ‘de Ostara’, y que para hoy se conocen como ‘de Pascua’.

El cristianismo tomó esta venerable y remota ceremonia, y amplió su significado conectándola con la Resurrección de Jesús, su Salvador. Así como la vida se oculta al interior de un huevo, también se hizo que el Nazareno durmiera “en la tumba durante tres días antes de despertar a una nueva vida”. Madame Blavatsky comentó que esta fue una asociación natural, ya que Jesús fue identificado con “el mismo Sol de primavera que despierta en toda su gloria, luego de la triste y larga muerte del invierno”, algo que los masones prístinos habían enseñado durante mucho tiempo. Según Thomas Paine, el cristianismo puso a Jesús en lugar del Astro Rey, un símbolo que la antigua Masonería veneró previamente como dador de vida espiritual humana y el origen de sus creencias (ULT Newsletter, noviembre de 2019, 9:28).

Desde tiempos inmemoriales, el “huevo” siempre ha sido un poderoso símbolo natural en la apreciación imaginativa y real de la humanidad y el respeto por los procesos en la naturaleza. Les enseñó hechos sobre su funcionamiento y estaba incluido en sus mitos sagrados:

*Brahmâ (fuerza originaria y creativa) gestado en el “Huevo” cósmico o Hiranya-Gharba entre los hindúes.

*Se decía que el Huevo de los egipcios “procedía de la boca de Kneph”, la “deidad eterna” y pujante emblema del poder generativo.

*El Huevo de Babilonia “cayó del cielo” al “río Éufrates”, de donde nació la “diosa” babilónica Ishtar, esencia sutil que produce fertilidad, amor y guerra.

Todas estas metáforas son altamente simbólicas: la fuerza creadora (Brahmâ) contenida en el Huevo, el vigor generativo de la naturaleza que surge desde la boca de una “deidad eterna”, y entra en el vapor de la existencia (el río) a partir del cual una potente “diosa” (la energía vital despertada de lo alto) comienza a trabajar en el mundo físico produciendo “amor y guerra”, que sólo es natural tras el sueño del invierno y simplemente significa el renacer de la tensión evolutiva entre las categorías espiritual y material.

Aún hoy a los niños se les muestra cómo elaborar huevos de colores, una práctica que quizá tiene decenas de milenios cuando esos objetos eran “tradicionales durante la primavera en casi todos los países”. Cuando llegaba esa estación en Egipto eran “intercambiados como distintivos sagrados”, siendo también signo eterno del nacimiento o renacimiento, tanto de la vida humana como en la naturaleza durante sus grandes ciclos. El boceto adjunto muestra que la Pascua se encuentra en el arco ascendente trazado por el Sol, alrededor del momento en que éste último cruza el meridiano a su máxima velocidad rumbo al norte, y hacia el cénit a mediados de verano tres meses después.

Helena Blavatsky escribe que los huevos de primavera “eran colgados en los templos egipcios y continúan suspendidos hasta el día de hoy en las mezquitas mahometanas”, y que la Pascua “pagana” caía el 15 de marzo o el equinoccio vernal del 21. En el mito de Ausonio-Baco, éste fue asesinado y resucitó “en tres días” tal como se suponía que lo hizo Jesús, todo lo cual apunta al principio de la gestación cíclica que produce nuevas glorias tras la muerte aparente.

Pero sea cual fuere la precisión del cronometraje para la Pascua moderna (es decir, si siempre fue en el primer festejo lunar luego del equinoccio primaveral), es indudable que se trata de una antigua celebración oculta. Por ello y en este fin de semana, mientras continúa dicho evento, podemos recordar el simbolismo original de esta venerable y antigua fiesta y el nuevo despertar revitalizante por el que fue enaltecido universalmente.

Además, es durante el equinoccio de primavera con su marea magnética de Naturaleza floreciente que nuestras “determinaciones” respectivas (hechas en el Año Nuevo, cuando la vida astral del año es joven e impresionable para las intenciones positivas) pueden emerger y fructificar tras la incubación del sueño invernal. Por esto, hay muchas razones para conmemorar entre quienes trabajan con los ciclos naturales y han plantado semillas con el deseo de tiempos más brillantes, fraternos y equitativos.

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[Citas sobre “Baco”, “Pascua” y “Huevos” del Theosophical Glossary por H.P. Blavatsky, y su artículo “1888”.]

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