Ventajas y Desventajas en la Vida

-un artículo de William Q. Judge-

 

Imagen de la película “El Príncipe y el Mendigo”, 1937

Esa actitud hacia el propio Karma que conduce a lamentarse por el destino ingrato que no nos ha proporcionado ventajas en la vida, es una consideración errónea de lo que es bueno o malo para el alma. Es bien cierto que a menudo encontramos personas rodeadas de grandes ventajas pero que no hacen de ellas el uso que corresponde o les prestan poca atención. Pero este hecho en sí mismo nos demuestra que la llamada posición privilegiada en la vida no es, en realidad, ni buena ni afortunada según el sentido interno y verdadero de estos términos. La persona afortunada tiene dinero y profesores, habilidad y medios para viajar y rodearse de obras de arte, música y comodidad. Pero estos son semejantes a los aires tropicales que embotan el cuerpo, pues debilitan el carácter en vez de forjarlo. No tienden en sí mismos a la adquisición de alguna virtud, más bien a lo opuesto, debido a la constante inmersión de los sentidos en las esencias sutiles del mundo sensual. Son como las cosas dulces que, al ser ingeridas en cantidad, se convierten en ácidos en el interior del cuerpo. Así que todo esto puede verse como lo opuesto al buen Karma.

Entonces, ¿cuál es el buen karma y cuál es el malo? La respuesta completa y suficiente es esta:

El buen karma es aquel que el Ego desea y necesita; el malo el que el Ego no desea, ni necesita.

Y en esto el Ego, siendo guiado y controlado por la ley, la justicia y las necesidades de la evolución ascendente y no por la fantasía ni el egoísmo ni la venganza ni la ambición, es seguro que elegirá, de entre todas las posibles, aquella existencia terrenal que le proporcione un karma para una ventaja real al final. A la luz de lo expuesto entonces, incluso la vida perezosa e indiferente de alguien que ha nacido rico o de alguien que ha nacido bajo y malvado, es una vida correcta.

Al analizar desde este ángulo el asunto, vemos que las “ventajas” que buscaría alguien que quisiera fortalecer el carácter, la liberación de la fuerza y energía del alma, serían llamadas “desventajas” por el mundo egoísta y personal. La lucha es necesaria para la adquisición de fuerza; abrirse paso por épocas adversas lo es para ganar profundidad, la escasez de oportunidades puede ser empleada para adquirir fortaleza; la pobreza debería estimular la generosidad.

Cuando hablamos de todo esto nos referimos al punto medio y no al extremo. Nacer con la desventaja de unos padres borrachos y enfermos en el lado criminal de la sociedad es un castigo que constituye una espera en el camino de la evolución. Es una necesidad, generalmente, porque el Ego ha cosechado a su alrededor, en una vida anterior, algunas tendencias que no pueden ser eliminadas de ninguna otra manera. Pero no debemos olvidar que algunas veces -que son bastantes en el gran total- un Ego puro y poderoso encarna en un entorno así de horrible y permanece puro todo el tiempo y se queda allí con el propósito de animar y ayudar a otros.

Pero nacer en la pobreza extrema no es una desventaja. Jesús dijo bien cuando, repitiendo lo que muchos sabios habían dicho antes, describió la dificultad experimentada por el hombre rico para entrar en el cielo. Si miramos la vida desde el punto de vista estrecho de aquellos que dicen que hay una sola tierra y después de ella un cielo o infierno eternos, entonces la pobreza será considerada como una gran desventaja y algo que deba evitarse. Pero viendo que tenemos muchas vidas para vivir, y que nos darán todas las oportunidades necesarias para construir el carácter, debemos admitir que la pobreza no es, en sí misma, un Karma necesariamente malo. No hay en la pobreza una tendencia natural a engendrar egoísmo, pero la riqueza lo requiere.

Un periodo en un cuerpo nacido en los sufrimientos, las privaciones y la miseria de la pobreza moderna es bueno y justo para todo individuo. En la medida en que el presente estado de civilización -con todos sus horrores de pobreza, crimen, enfermedad, relaciones erradas en casi todas partes -ha surgido del pasado, en el que éramos trabajadores, simplemente deberíamos experimentarlo todo en un cierto punto de nuestra carrera. Si una persona no presta atención hoy a la miseria de hombres y mujeres, debería ser lanzado a renacer en la siguiente vida en uno de los barrios marginales de nuestras ciudades, ello imprimiría en el alma la miseria de tal situación. Esto le llevaría más tarde a la compasión y al cuidado de los demás. Porque, a menos que experimentemos los efectos de un estado de vida, no podemos comprenderlo o apreciarlo con sólo una mera descripción. Al lado personal involucrado en esto puede no gustarle como perspectiva de futuro, pero si el Ego decide que la próxima personalidad estará allí, entonces todo será una ventaja y no una desventaja.

Si nos fijamos en el campo de operación de las llamadas ventajas de oportunidad, dinero, viajes y profesores, vemos de inmediato que todo tiene que ver con el cerebro y nada más. Idiomas, arqueología, música, saciar la vista con belleza, comer la mejor comida, llevar la mejor ropa, viajar a muchos lugares y, con ello, impresiones infinitamente variadas al ojo y al oído; todo esto comienza y termina en el cerebro y no en el alma o en el carácter. Como el cerebro es una parte del inestable y efímero cuerpo, toda la fantasmagoría desaparece de la vista y el uso cuando la nota de la muerte envía su tremenda vibración a través de la forma física y expulsa al habitante. El fantástico ganglio-maestro central se desintegra y no queda nada en absoluto excepto algunos débiles aromas aquí y allá, dependiendo del amor interno real a nuestra quimera, imagen o sensación. Nada queda de ello excepto algunas tendencias –skandhas– y no de las mejores. Las ventajas entonces resultan ser por completo desventajas. Pero imaginemos al mismo cerebro y cuerpo no en lugares cómodos, sino luchando por abrirse camino en la vida, cumpliendo con su deber y no en posición de complacer los sentidos: esta ardiente experiencia estampará y marcará en el carácter más energía, más poder y más fortaleza. Así se han forjado los grandes caracteres a través de las edades. El otro modo es el modo del promedio monótono que después de todo corresponde aún al estado animal.

William Q. Judge, Path, Julio 1895